La audiología es la rama ciencia que se ocupa del diagnóstico de patologías del oído, de explorar su fisiología y anatomía y de la prevención, tratamiento y rehabilitación de trastornos auditivos.
Es la ciencia que se encarga de cuidar la salud auditiva de los seres humanos.
Así, si una persona sufre de un déficit determinado del oído, producido por lesiones, por una reiterada exposición al ruido o contraído genéticamente, deberá acudir a los expertos.
Las principales causas de las lesiones de oído en los niños son las siguientes:
Cortes, rasguños, quemaduras o congelaciones que afectan al oído externo y/o al conducto auditivo externo.
Introducción de objetos en el oído, como los bastoncillos de algodón, las uñas o los lápices, que pueden lesionar el conducto auditivo y/o perforar el tímpano.
Golpes directos en la oreja o cabeza debidos a caídas, accidentes de tráfico, luchas, etc…
Ruidos fuertes. Se pueden tener pérdidas auditivas importantes y/o permanentes cuando un niño se expone a un ruido fuerte (como un disparo, un petardo o una explosión) o a ruidos que se van repitiendo a lo largo del tiempo (como el de las cortadoras de césped). Tanto en los niños como en los adolescentes, escuchar música a un volumen demasiado alto (en conciertos, el coche o mediante cascos) es una de las principales causas de las pérdidas auditivas.
Cambio brusco e importante en la presión del aire.
Cuando la presión del aire no se equipara a ambos lados del tímpano, la parte del tímpano donde hay más presión se abomba hacia el lado contrario, lo que provoca dolor y a veces pérdidas auditivas parciales, denominadas barotraumas.
Las trompas de Eustaquio son las que suelen regulan la presión del aire, pero en la población infantil es posible que estas trompas, al ser más estrechas o al estar obstruidas por mucosidades, no funcionen tan bien.
El dolor y/o los problemas auditivos que provoca un barotraumna suelen ser leves y de carácter temporal. En contadas ocasiones, un cambio extremo en la presión del aire puede hacer que el oído medio se llene de líquido o de sangre, pudiendo provocar, incluso, una perforación de tímpano.
Las principales causas de las lesiones de oído en los niños son las siguientes:
Cortes, rasguños, quemaduras o congelaciones que afectan al oído externo y/o al conducto auditivo externo.
Introducción de objetos en el oído, como los bastoncillos de algodón, las uñas o los lápices, que pueden lesionar el conducto auditivo y/o perforar el tímpano.
Golpes directos en la oreja o cabeza debidos a caídas, accidentes de tráfico, luchas, etc…
Ruidos fuertes. Se pueden tener pérdidas auditivas importantes y/o permanentes cuando un niño se expone a un ruido fuerte (como un disparo, un petardo o una explosión) o a ruidos que se van repitiendo a lo largo del tiempo (como el de las cortadoras de césped). Tanto en los niños como en los adolescentes, escuchar música a un volumen demasiado alto (en conciertos, el coche o mediante cascos) es una de las principales causas de las pérdidas auditivas.
Cambio brusco e importante en la presión del aire. Cuando la presión del aire no se equipara a ambos lados del tímpano, la parte del tímpano donde hay más presión se abomba hacia el lado contrario, lo que provoca dolor y a veces pérdidas auditivas parciales, denominadas barotraumas.
Las trompas de Eustaquio son las que suelen regulan la presión del aire, pero en la población infantil es posible que estas trompas, al ser más estrechas o al estar obstruidas por mucosidades, no funcionen tan bien.
El dolor y/o los problemas auditivos que provoca un barotraumna suelen ser leves y de carácter temporal. En contadas ocasiones, un cambio extremo en la presión del aire puede hacer que el oído medio se llene de líquido o de sangre, pudiendo provocar, incluso, una perforación de tímpano.
Las pérdidas auditivas parciales se pueden asociar a los siguientes síntomas: problemas para oír cuando hay ruido de fondo; dificultad para oír sonidos agudos o notas de alta frecuencia; oír solo ciertos sonidos o solo sonidos amortiguados; oír pitidos en los oídos u otros sonidos extraños, como silbidos o zumbidos; tendencia a subir el volumen del televisor; problemas para prestar atención y para seguir el ritmo de la clase; quejarse de que se tienen los oídos “tapados”; habla pobre y limitada o ausencia de habla; tendencia a hablar gritando; no girarse ante ruidos fuertes; no responder al habla conversacional; dar respuestas inapropiadas.
Con mucha menor frecuencia, los niños pueden tener pérdidas auditivas completas o sordera total.
Por otra parte, los niños que han sufrido lesiones en el oído que afectan al equilibrio pueden presentar los siguientes síntomas: caerse o tropezar a menudo (torpeza); vértigo (repentina sensación de mareo o de girar sobre uno mismo estando sentado o de pie); sentirse inestable, “grogui” o desorientado; vahídos o sensación de que se te va la cabeza; problemas en la vista (como vista borrosa); problemas para subir escaleras o para levantarse sin caerse; problemas para andar (incapacidad de andar sin tambalearse, andar con las piernas muy separadas o dificultades para andar sobre superficies irregulares); náuseas y/o vómitos; dolores de cabeza; fatiga.
Aunque las lesiones leves suelen ocasionar problemas de carácter temporal, las lesiones más graves pueden ocasionar pérdidas auditivas o problemas de equilibro permanentes.
Asegúrate de llamar al pediatra si tu hijo sufre una lesión de cualquier tipo en el oído o la cabeza, presenta cualquiera de los signos indicativos de problemas auditivos o de equilibrio, tiene un importante dolor en el oído o le sale sangre u otro líquido (que no parece cerumen) del oído
Es posible que el pediatra les remita a un otorrinolaringólogo (especialista en oído, garganta y nariz) y tal vez también a un audiólogo (especialista en audición), quienes les indicarán cómo proceder.